"UN SALUDO PARA LOS ESPECTADORES DE LA SEGUNDA CADENA". DEJO MI HUELLA EN MONGOLIA.

Frío. De momento es todo lo que hay. La espalda, las piernas y la cabeza no agradecen 6 horas de sueño sobre una cama aparentemente diseñada para torturar a gestores de visados. Aun no ha salido el sol. Salgo a pasear. La decepción de la noche anterior no hace sino agravarse. No hay nada de nada...
Vuelvo a la cama. Un ratito más de mal sueño. El hambre gana al frío. Finalmente encuentro una choza con un cartel que parece decir "magasin" en cirílico. Eso sí, cerrada a cal y canto. Abre a eso de las 12. Galletas, chocolate y fanta. Sano, sanote.

Las carreteras no prometen nada bueno, por lo que decido devolverle al bólido su aspecto más fiero: ruedas de tacos...
Más chocolate. Y nada que hacer. El paisaje es desértico. No hay un sólo árbol. El cielo es muy azul. Y no deja de hacer frío. No se me ocurre nada que hacer. Salgo a la calle otras tres o cuatro veces. Sigue sin haber nada. Decido seguir perdiendo el tiempo en la cama...

Marina comparte el hostalillo conmigo. Es de Olgii, una pequeña ciudad de Mongolia. Tratamos de hablar un rato, pero no hay manera. Le enseño los números en inglés y ella me enseña a decir hola y a preguntar por un hotel en mongol. Es la mar de simpática. Me regala 300 togros (moneda mongola) para que me compre algo de comida cuando llegue a Mongolia. Se ríe mucho, y a veces creo que es de mí. Me da su teléfono para que le llame cuando llegue a Olgii. Un poco absurdo, pues no podremos decirnos nada. Le preguntaré por un hotel... Preparamos un té y a dormir.

Duermo poco y mal. La frontera abre a las nueve. Estoy ahí a las ocho. Hay 5 jeeps esperando. Dos alemanes y un equipo de polacos que realizan un documental sobre Benedykt Polak, un fraile polaco que viajó a Mongolia en el siglo XIII con la pretensión de convertir a los mongoles al cristianismo. Les hace mucha gracia mi historia. Mientras esperamos a que nos dejen pasar me invitan a un café y a un estofado de carne liofilizado. Eterno agradecimiento.

Hago buenas migas con Jaro, el director, y con Wojtek, el cámara. Me plantean la posibilidad de realizar un pequeño reportaje sobre mi absurda aventura. Krystyna, una presentadora de la televisión polaca, me entrevista en inglés. Finalmente me piden que diga "un saludo para los espectadores de la segunda cadena". Hay que hacer unas diez tomas, pues la frase no es particularmente corta y yo soy un poco torpe...


Cruzamos juntos la frontera. Entre el puesto ruso y el mongol hay 25 kilómetros. Nadie se lo explica muy bien. El bólido y yo estamos eufóricos ante la idea de iniciar la recta final. Frente a nosotros Mongolia tiembla ante el temor a ser derrotada. Entramos en Mongolia sucios, cansados y sonriendo con cara de tontos. Ya no hay asfalto. Pero nada nos puede detener. O eso creo yo, pues nada más empezar la travesía, mientras el equipo polaco me filma en marcha, el bólido se cala. Una entrada gloriosa...

El filtro del aire vuelve a estar embarrado. Los polacos se quedan a echarme una mano. Una friega y a correr. Me despido de los ellos muy agradecido. Ha llegado el momento que llevaba tanto tiempo esperando. Sólo estamos el bólido, Mongolia y yo. Olgii es la primera parada. No está lejos, pero hemos tenido que esperar varias horas en la frontera y se está haciendo de noche. La carretera sólo va a peor. Pero el paisaje lo compensa todo. El terreno es plano hasta donde alcanza la vista, salpicado por pequeñas montañas dispersas por todas partes.

Los problemas aparecen cuando tengo que subir una de esas pequeñas montañas. Inicilamente todo va bien, pero el bólido está viejo y cansado. Llegado un momento, terco como una mula, se niega a continuar. La pendiente es demasiado empinada y no le quedan fuerzas. Tratando de retomar el camino el bólido y yo nos caemos varias veces, unas sobre él y otras sobre mí. Hay demasiado peso. No me quedan más narices que cargar con el equipaje y la gasolina y subirlo a cuestas. Quedan unos 500 metros hasta alcanzar la cumbre. Por el camino baja una furgoneta llena de pasajeros. Se descojonan de mí. Y con razón... Debo hacer dos viajes, pues cargo con demasiadas cosas. Mientras subo por segunda vez veo aparecer un jeep. Se para y observo con cara de pánfilo cómo sacan del coche todas las cosas que previamente había dejado arriba. Se ofrecen a volver a subirlo todo y a llevarme hasta la moto. Acepto agradecido. Una vez descargado, el bólido asciende sin problemas.

Para mi sorpresa, pasado un rato vuelve a aparecer el asfalto. Y es nuevo. Se ha hecho de noche pero Olgii está cerca, por lo que decido continuar. En un momento dado una barrera bloque la mitad opuesta de la calzada. Decido que no tiene nada que ver conmigo y sigo adelante. Resulta no ser muy buena idea. Al cabo de varios kilómetros hay varios vehículos enormes que me impiden el paso. Escucho gritos y veo cómo un pequeño enerúmeno corre haci mí blandiendo una pala con ganas de darme con ella en el casco. Resulta que están construyendo la carretera y el asfalto está blando. He dejado un surco que, sospecho, se extiende varios kilómetros. Sin dudarlo ni un segundo, me echan a empujones de la calzada y me veo en medio de la nada. Eso sí, hay mucha arena. Tardo varios minutos en encontrar una pista por la que continuar, pegándome varias galletas por el camino. Afortunadamente, el camino es tan malo que no puedo ir a más de 20 km/hora.

Tras una hora de infierno veo luces a lo lejos. Olgii. Una vez ahí, todo parece estar cerrado. Una vez más, me cobran por indicarme el camino a un hostal. Me toca un poco los huevos, la verdad. Pero qué remedio. Primera etapa en Mongolia superada.

4 comentarios:

Jose Miguel dijo...

Tio!! me lo estoy pasando de p m leyendo tu blog. Me encanta ver los cojones que le echas al asunto.

Mucha suerte!!!!!!!!!!!!!

Un saludo de un gaditano.

contacto dijo...

Yo tambien alucino con todo, la verdad es que es increible, vas camino de convertirte en mi heroe personal :D

Paquito dijo...

Los tienes como campanas: no hay otra forma de definir lo que estás viviendo...

Pero, como te dije el otro día: al volver serás el rey de las batallitas en cuanto alguien se ponga en plan "¿Qué es lo más raro que os ha pasado nunca?" :-)))

Un saludo,

Paquito.
http://paquito4ever.blogspot.com

Tesne dijo...

Que bien!!! ya has alcanzado tu destino o al menos el país, ya falta poco. Ah! y no te puedes quejar, en Polonia tendrás tus 15 minutos de fama.