LOBOS Y AGUA CALIENTE

El segundo tramo entre Hovt y Altay sólo trae más de lo mismo. El portaequipajes trasero está gravemente lesionado. Cualquier bache terminará de mandarlo al carajo. Las huellas de los caminones indican que hubo mucho barro por aquí. Ahora todo está seco. Ni de broma hubiera podido atravesarlo hace un par de días. Quedarme atascado en Tashanta no fue tan malo después de todo...

Una vez más, sin previo aviso y sin venir a cuento, el bólido se cala. No hay forma de que arranque. Filtro del aire limpio. Segunda opción, bujía. Una piedra ha saltado y ha roto la pipa de bujía en mil trocitos. No era nada fácil conseguirlo. Será que soy un tío afortunado. Pasa un camión que, sorprendentemente, lleva una pipa de sobra. Es una pipa de camión, tres veces más grande que la mía. Corto y empalmo cables. Para mi sorpresa, funciona. Muy agradecido, prosigo.
Llego pronto a Altay. Quedan tres o cuatro horas de luz, pero no sigo conduciendo. No me sale de los huevos. Y no se hable más. En el hotel conozco a Pureviin Tsogzol, famoso pintor mongol. Aprendió español durante el tiempo que pasó en Cuba. Me lleva al mercado a por una pipa nueva. En el hotel me prepara una suculenta sopa y pasamos horas bebiendo té. Me regala su jersey de lana. No es particularmente bonito, pero da un calorcito... Una vez más, muy agradecido. Y a la cama.

El portaequipajes trasero está compuesto fundamentalmente por bridas y cinta aislante. Llueve. Café de sobre con el Sr. Tsogzol. El terreno vuelve a estar embarrado. Pero ya no queda nada. Un grupo de mongoles en la puerta del hotel me ayudan a ponerme el impermeable y los guantes. Me siento cual matador a punto de entrar en el ruedo. A la salida de Altay se bifurca la carretera. Supongo que lo lógico es seguir recto. Mala jugada...

Tres horas en recorrer 60 kilómetros. Al llegar a un pueblo me indican que la he liado. Buscando el camino de vuelta me pierdo. Y me pierdo mucho. A lo lejos un gher. Cuando pretendo acercarme resulta ser un gigantesco perro quien se acerca a mi. A toda pastilla y con cara de pocos amigos. Pocas veces he puesto la cuarta marcha en Mongolia. Y ésta fue una de ellas. Menudo cabrón!

El apaño con la pipa de bujía no termina de funcionar bien. El anclaje es muy débil y se suelta con cada bache que me zampo. Y los baches no son pocos.

Llueve, tengo frío, estoy muy perdido y la carretera, por mala que fuese, ha terminado de desaparecer. A lo lejos otro gher. Acojonado, me la juego. No hay más perros. Un tipo la mar de simpático me devuelve al camino. Lo cierto es que no lo termino de disfrutar. Unos tipos me ofrecen enseñarme el camino a cambio de una suma nada despreciable. Al carajo con ellos. Tras seis horas de moto, cansado y empapado, llego de nuevo a la bifurcación. Quedan apenas dos horas de luz. Me la juego. En los siguientes 50 metros me calzo dos galletones. Una señal de los cielos. Mejor no me la juego. En algún momento he perdido la matrícula. En un estado lamentable vuelvo a Altay con el rabo entre las piernas.

Sopa calentita y 12 horas de cama. El día siguiente no trae más lluvia. Mis únicos pantalones y las botas siguen mojados. Un policía se ofrece a llevar el portaequipajes a un soldador. Queda como nuevo. Barro. Mucho. Y charcos. Enormes. Llegado un momento decido ser más listo que nadie y salgo de la carretera para seguir campo a través. Pasados 50 metros estoy metido en una ciénaga. Soy un lince...

No hay manera de sacar la moto. Hasta que un superhéroe mongol hace su aparición. Con su fuerza descomunal, arrastra la moto mientras yo le ayudo poniendo cara de animal. Está con su mujer y su hijo. Como agradecimiento le regalo mi comida del día (dos chocolatinas). Tardo una hora en limpiar el barro que ha quedado pegado al motor y al guardabarros.


El resto del día es peleón, pero sin incidencias. Dos australianas que encuentro por el camino me invitan a cenar. Van con una pareja de mongoles. Los muy cabrones me ilustran acerca de la peligrosidad de la estepa y me preguntan si llevo un arma para defenderme de los lobos. Ante mi negativa me miran con cara de sincera preocupación. Con los huevos de corbata, planto la tienda de campaña junto a una salina. Duermo junto a varios individuos que trabajan recogiendo sal. Antes de dormir me invitan a un té con pastas. Vamos hechos unos gorrinos, pero no dejamos de tener estilo... La noche es mala. Mucho frío. Mucho, mucho. Pero no hay lobos.

La próxima parada es Bayanhongor, a unos 200 kilómetros. Un caudaloso rio atraviesa el camino. Un individuo en Altay me recomendó tomar una vía alternativa en la cual existe un puente que lo atraviesa. De casualidad encuentro el lugar de la desviación, un diminuto poblado llamado Unnunus. Un chorizo hace un absurdo intento de robarme los guantes. Otro se ofrece a enseñarme el camino a cambio de 10 dólares, una suma mucho más que generosa para este lugar. Con una sonrisa en la cara me dejo estafar (una vez más...).

En pocas horas doy con el río. De ninguna manera hubiera logrado atravesarlo en moto. Junto al río hay tres tipos cuyo coche les ha dejado tirados. Invitan a té y queso. También a tabaco local, liado en papel de periódico.


El camino hasta Bayanhongor sin incidencias. Sólo más de lo mismo. La pipa de bujía apenas se suelta y el portaequipajes trasero aguanta como un campeón. A mi llegada quedan varias horas de luz, pero ni se me pasa por la cabeza la posibilidad de continuar. En el hotel hay ducha con agua caliente. Dios es grande. Ceno. Me quedo con hambre. Vuelvo a cenar. Paso la tarde rascándome la barriga a dos manos. Si todo va bien llegaré a Ulan Bator en dos días. Duermo como un morlaco.

9 comentarios:

Salfuman dijo...

venga neño!!! animo que ya te queda menos, saludos desde Asturias campeon!!!

klazerver dijo...

Me agrada mucho tu forma de comentar estas peripecias que te suceden, debe ser una gran experiencia para ti toda esta aventura, grandes anecdotas para contar a los nietos.

Paquito dijo...

Alucinante: ¡Los tienes de campana! ¡Olé olé y olé! :-))))

Si te presentas a un concurso de blogs o algo así te votaré, lo juro...

¡Qué Epopeya! Te felicito por tu valor,

Un saludete desde Amsterdam,

Paquito.
http://Paquito4ever.blogspot.com

Tesne dijo...

Menos mal que no te topaste con los lobos, eso sería el colmo, con el montón de cosas que te han pasado.

Iban dijo...

Lo unica pena de todo esto... para nosotros... es que queda poco para que culmines tu viaje!!! Enhorabuena y suerte :)

alexandrus dijo...

Esta historia tiene de todo!! Sólo le falta un poco de fantasía (no confundir con surrealismo).

Mucho ánimo. Tu blog es genial. Cuentas las desgracias como nadie.

Salud!

Ijon Tichy dijo...

Yo ya empiezo a preocuparme...

Iban dijo...

Si, la verdad es que esta vez esta tardando mas en publicar el siguiente post :(

Esperemos que no sea nada...

Manuel dijo...

Uff, si llevamos mucho tiempo sin noticias de ti en el blog... alguien sabe algo de nuestro viajero???